Iseo fue al anexo para hacerle un recado a la señora. Allí se encontró cara a cara con el dueño del anexo, Taegyeom, que estaba completamente desnudo. “¿Te parece tan tentador chupar mi pene? Me mirabas fijamente”. Cuando la sobresaltada Iseo volvió a abrir los ojos, seguía allí. Un pene tan grande que intimidaba tanto por su longitud como por su grosor…
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